SIN DORMIR

Una noche más sin dormir. Dio vueltas varias veces en la cama, hasta que decidió levantarse. Tomó un agua de yerbas y encendió la calefacción. Busco el libro que había empezado aquella tarde y leyó hasta el amanecer. Comenzaba a clarear cuando volvió a la cama. Él estaba ahí, mirándola impávido, igual que cuando se levantó. No existes, dijo en voz alta. Y le dio la espalda. Al despertar, cerca del medio día, él continuaba mirándola con ojos desolados, los mismos ojos con que miró cuando apretó el gatillo.

Cecilia Salazar Díaz. Abril del 2007

Victoria

Ella no me quería a la niña. Cuando la parió, me la arrojó a los brazos…

-ahí tenis a tu güacha-

Ella sabía que a mí eso me dolía, po. Si yo también era güacho. Y ahí estaba la guricita, tan morenita y chiquita, como una ratoncita. Usted no sabe la ternura que me dio. Yo no había tenido nunca na’ mio po. Y no era na güacha, que si no tenía madre, iba a tener un padre que le valiera por dos.

-mañana te vai ‘onde el cura y bautisai a la güacha. Le vai a poner Soledad.

Y es qué era mui refeaso el nombre ese, cómo la iba a condenar así a mi primor. Mi agüela contaba que los nombres hacen el destino. Por eso a mi me puso Venancio. Porque decía que así yo iba a ser un hombre de bien. Así que cuando llegue ‘onde el cura ya lo tenía decidi’ó. Mi niña se iba a llamar.
¡Victoria!

Y luego me fui con la niña pal norte. Onde mi agüela. No supimos más de la maire…

Y quien lo diría, ahora toy aquí. En la universida mientras le dan su titulo de meica…a ¡mi! Victoria.

Cecilia Salazar Díaz
Junio del 2007